La emoción decide y la razón justifica

Mi nombre es Ana y soy Licenciada en Psicología. Siempre me gustó el ámbito educativo orientado a los más peques. Por este motivo centré toda mi licenciatura en el estudio de la infancia y la adolescencia. Hice mis prácticas en un Centro de Atención Socioeducativa de la Junta de Andalucía. ¡¡Un año entre pañales!!. Pude descubrir de primera mano lo influyentes e importantísimos que son los primeros años de vida, hecho que reafirmé después de trabajar esta vez como “seño” guiando a un grupo de niños y niñas en un Centro de Educación Infantil, desde los 6 meses hasta los 3 añitos.

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Fue aquí donde comencé a darme cuenta de la importancia de un buen desarrollo emocional y empecé a estudiarlo desde el punto de vista neuropsicológico.

Podemos clasificar el cerebro humano, en tres subtipos de cerebros:

  • El cerebro reptiliano, encargado de que nuestra respiración funcione, de que podamos correr, que mi boca se abra cuando le acerco una cuchara, etc…Es básico, y sin él no podríamos vivir.
  • El cerebro mamífero o emocional, también llamado Sistema Límbico. Él se encarga de ponerme triste cuando pierdo a un ser querido, de que me enfade cuando alguien me hace una jugarreta, que sienta miedo cuando un perro rabioso me ladra por la calle.
  • El cerebro humano, ese que en las fotos parece un gran cable enrollado. Este cerebro me permite PENSAR Y RAZONAR. Sólo los humanos tenemos la capacidad de “vivir” en el presente un hecho pasado o uno futuro. Este último termina de desarrollarse aproximadamente a los 21 años de edad.

Los tres se necesitan mutuamente para poder sobrevivir. Siempre le dimos mucha importancia a nuestro cerebro humano: nos permite deducir, pensar, tomar decisiones. Pero tiene un pequeño inconveniente. El primero es que tarda mucho tiempo en formarse completamente; el segundo es que en ocasiones cuando el sistema límbico salta, cuando se crea un tsunami emocional, el cerebro humano se desconecta y nos es imposible pensar.

Seguro que recordáis el día en el que vuestro hijo no paraba de llorar aún después de comprobar que todo estaba bien. Comenzó a llegar una sensación de angustia, una presión en el pecho y un NO SABER QUE HACER. Nuestro sistema límbico, el cerebro emocional arrasaba con miedo y rabia a nuestro cerebro humano que simplemente, se apagaba.

Si eso le pasa a un cortex completamente desarrollado, ¿qué le pasará a uno inmaduro? ¿al de un niño de 2 o 3 años?.

Por este motivo es importantísimo pararnos y atender las emociones de nuestros peques, porque va a ser desde ahí por dónde comencemos a educar y desde dónde ellos empezarán conocerse a sí mismos a través por supuesto, de su entorno más próximo. (papi, mami, hermanos, abuelos, seños).

Roberto Aguado, psicólogo clínico e investigador del campo de la emoción define la inteligencia emocional como: “la capacidad que tenemos para elegir en cada momento de nuestra vida la emoción adecuada”.

Me encanta trabajar el aspecto emocional con los niños y niñas principalmente por medio de los cuentos.

Un cuento comienza con un problema, un dilema que finalmente tiene una solución. La historia en sí, las vueltas que el personaje da para encontrarla, nos preparan y nos van mostrando poco a poco la resolución. Desde que los tres cerditos deciden independizarse y hacerse un hogar, hasta que ven como el lobo sale chamuscado desde la seguridad de una casa bien hecha, hay un proceso que nos va mostrando la importancia que tiene trabajar las cosas y hacerlas bien.

Utilizo los cuentos para enseñar a los niños y niñas emociones, que las identifiquen y que se permitan el hecho de sentirlas.

La siguiente actividad, la hice con Javier y su hermana Gabriela. Después de leer el cuento de los tres cerditos:

“El lobo llamó a la puerta de la casita de paja y dijo: sal cerdito que te voy a comer. ¿No sales? Pues soplaré y soplaré y la casa derribaré.

Al tercer soplido, la casa cayó al suelo y el cerdito salió corriendo a la casa de tu otro hermano.”.

A raíz de leer el cuento, hacemos unas huchas de cerdito con material reciclado (al más puro estilo DIY). Cuando vamos a darles color, le preguntamos a los niños cómo se siente este cerdito. Después pintan la hucha del color que les sugiere dicha emoción.

Formando parte del equipo de BePoppins me encantará poder encontrar una familia que quiera que cuide de sus “peques” y poder realizar estas actividades con ellos.

Y para los más creciditos… En upsocl.com nos dan 15 señales para saber si tenemos Inteligencia Emocional. Muy interesante. 🙂

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